miércoles, 14 de octubre de 2015

El Escapista (Lady Fantasy - Epílogo)


Le pedí que me escribiera una canción
pero aún sigo ensordecida por una melodía que no cesa: su silencio.

Le dije que aquella noche quería dormir sola
y me abrazó como un desesperado se abraza a la vida en su lecho de muerte.

Él, como un moribundo, me pidió que perdonara sus pecados.
Su penitencia, y seguro que Dios coincidió conmigo, fue sentenciarlo a besos.

'No quiero seguir escribiendo poemas ni cuentos que hablen de ti', le dije;
pero él continuó creando historias para que yo pudiera escribirlas después.

Y cuando definitivamente decidí que no quería seguir viéndole,
fue en vano. Nunca dejé de verle. Siempre le encontraba en las esquinas.
Y si no, me lo inventaba.

Le hice saber que lo único que deseaba era que me quisiera;
el respondió que, aunque eso fuera verdad, jamás me lo diría.
Como si no lo mereciera.
Como si, aunque no fuera verdad, no mereciera escuchar esas palabras.
Tan profundo era mi deseo.
Tan profundo que bien valía una mentira.
Aunque esa mentira fuera un 'te quiero'.

Una lucha de contrarios
antitéticos siempre
enemigos de distintos bandos
que hacen el amor
combatiendo como guerreros
para después suicidarse cada tarde
muriendo un poco en cada beso
en la siesta de los pájaros salvajes
transformándose en ellos
mutando en el vuelo
muriendo en el cielo
para acabar siendo estrellas
brillando en el firmamento
o dos planetas que colisionarán
en un punto en el tiempo.

Y es que nunca hubo primaveras
que nos salvasen de nosotros mismos.
Te dije que dejaría la puerta abierta, por si querías volver y atraerme al abismo.
Y aunque al final, cansada de esperar, fui la primera en decir adiós,
solo quería que vinieras conmigo.

Te pedí un truco de magia antes de irme a dormir
y en el microsegundo que dura el aleteo del pájaro azul desapareciste.
Era un truco de escapismo, pero yo no lo sabía.

Eras un duende, no un mago y eso, sin embargo, lo supe
desde el principio.
Yo te vi, sí, te vi guiñar el ojo, travieso,
antes de que te volatilizaras.
No quisiste contarme el truco y te fuiste sin que supiera el secreto,
con todas mis ilusiones y sueños,
o me fui yo con todo el amor que aún, en silencio, guardo para ti.
Aunque solo quisieras jugar un poco más,
aunque no hubiera maldad subyacente en el juego.
Amor, déjame decirte
que ya no habrá más canciones para ti.

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